Llevo tiempo enfocándome en estas dos palabrejas que tanto manoseamos y de las que poco , siento, que sabemos…y lo que sabemos es confuso, contradictorio y como diría cualquier anglosajón “misleading”…
Os confieso que tengo una atracción natural por una de ellas y un rechazo visceral por la otra.
La que me priva y me engancha es la primera. Alegría. Solo pronunciarla me infunde lo que nombra. Además, siento que en su humildad de palabra, ésta sí, podemos cultivarla los humanos en nuestro día a día, solo con tomar decisiones del tipo: buscaré HOY lo que me ponga alegre…y en esa simple decisión se despliegan infinitud de acciones con las que nos podemos sentir identificados sin buscarle grandes significados a la cosa. Todos sabemos lo que nos pone contentos (sinónimo y pariente directo de alegre) sin necesidad de ir al psicólogo.
La cosa se complica a lo grande si queremos ser felices. Sin entrar en el manejo y uso que han hecho los diferentes poderes fácticos y dictadores de la moral y la ètica, los gurus, los vendedores de lociones, los salvapatrias, los de los crucifijos, etc etc (y es un larguísimo etc)…la palabra felicidad no nos lleva a ninguna parte. Absolutamente a ninguna. Nos deja colgando de un alambre existencial desde donde , por condicionamientos o imposiciones, se nos exije lo mismo que se nos afea: ser felices. Una mierda.
Mi reflexión de hoy es la siguiente: huye de la palabra felicidad, tanto si te la venden como posible (no lo es) como si se te atribuye en algún momento o tú mismo lo haces (no te engañes)…es un concepto enlatado que se ha inventado para estar preso. La felicidad es una noción infantilizada, absurda y tremendamente insolidaria hacia el mundo que nos rodea. Es una panacea inalcanzable que si me apurais, solo existiría tras una tremenda r-evolución interior para la que , en mi humilde opinión, la especie humana aún no está preparada. Quizá en unas generaciones más.
Quedémonos con la Alegría, esa que se deja atrapar, tan solo con que la busquemos cada día. Esa que se esconde debajo de un mantel de la mesa cuadrada de tu casa ahora mismo y solo espera que la encuentres para pasar un magnífico domingo, 25 de octubre del año de la pandemia. Ese día que decidiste estar alegre.
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