En italiano la palabra maquillarse se dice “trucarsi”. Hoy reflexiono sobre esta capacidad nuestra para ir maquillados todo el santo día. Es lo que se conoce por “personalidad”, “ego”, “forma de ser” o como querais llamarlo. Es el disfraz. La máscara. El personaje que llevamos construyendo desde que nos damos cuenta de que necesitamos protegernos para sobrevivir.
Empieza a forjarse desde que somos conscientes de nuestra individualidad, cuando somos muy pequeñitos…y suele atender a exigencias ajenas, a etiquetas que nos ponen, a conflictos que necesitamos superar, a complejos, inseguridades, miedos…
Vamos por la vida totalmente trucados…enmascarados…y lo peor no es eso. Lo peor es que nos hemos acostrumbrado tanto al disfraz, que ya no nos acordamos de que nos hemos disfrazado. Y esto nos pasa a todos.
De tal monstruosa manera nos hemos mimetizado con el personaje que nos relacionamos desde él… y si me han dicho toda la vida que soy valiente, jamas me permitiré ser cobarde, o que soy tonta, en mi interior jamás crearé un espacio donde sentirme inteligente…y así vamos caminando por la vida…pálidas sombras de lo que podríamos ser, pero no recordando ya como éramos.
¿Qué hacer?
Solo hay una opción. Para tener éxito hay que ir a la guerra. No es una guerra cualquiera; es la guerra de los mundos, de nuestro mundo…hay que enfrentarse a la destrucción, a la disolución, a la desaparición total. ¿Estáis dispuestos? La victoria es luminosa pero solitaria. Yo estoy ya en la trinchera.
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