Siempre es la mitad de lo que te imaginas. Eso si tienes esa capacidad tan humana bien afilada, la de la imaginación. La cual no hay que confundir con fantasía, contando ésta con un factor de ensoñación e irrealidad que nos puede jugar malas pasadas, aunque personalmente me gusta habitar en ella de vez en cuando…sin soltar una mano siempre sujeta a la barandilla, claro está.
 
Y sin embargo, hoy reflexiono sobre la inmensa suerte que he tenido de que lo materializado excediera con creces lo imaginado. Desde pequeña, ver la serie Pippi Langstrump, tansformó mi vida de una manera poco racional, casi celular.
 
Aquellos valores de rebeldía, independencia, libertad y raudales de creatividad se han convertido en mi credo ,en mi atalaya de valores…los que siguen andamiando mi vida…y por todo ello, cuando decidí buscar mi lugar en el mundo, intuitivamente sabía que ese lugar tenía que rendir homenaje al inusitado personaje creado por Astrid Lindgren.
 
Sabía que tenía que ser un sitio lleno de color, magia, vida, amor, luz, paz, música y un punto de locura y todo ello recorrido por el espíritu de sus inseparables amigos el Sr. Nielson, su monito y pequeño Tío, su caballo a lunares que en mi caso encarnan mi galgo enano Flo, la galga blanca de cresta sedosa Kler, mi guía y guardián estelar Sirio, la gata lunar Lúa y la gata muñeca de trapo Pelox…y por supuesto también, la burra Margarita, su amiga (vecina cotilla) la cabra Muriel, los salvajes felinos Proust y Artaud y mi Estambul…mis irrenunciables compañeros sin los cuales ya no entiendo la vida…
 
Para muchos puedo parecer loca, para otros una fantasiosa…pero yo sé dónde pertenezco, quién soy y porqué estoy aquí… y los que me quieren deberían saberlo también.
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