Últimamente reflexiono mucho sobre el tema de la escucha. De escuchar con presencia, con todas las células de mi ser. Sin pensar en lo que voy a contestar.Escuchar para entender, no para responder. Escuchar para ponerme en la piel del ser que me está entregando su confianza y retazos de su vida. Pienso que es un acto de amor escuchar así a otro ser humano que se está expresando sin corazas.

Sin dar réplicas inteligentes, ni consejos no solicitados, en el respeto absoluto. Me doy cuenta de que la parte más superficial de cada uno de nosotros siempre tiene una tendencia a ofrecer contestaciones más o menos apropiadas… ¡¡a ponernos de ejemplo!! (siempre he pensado que cuando alguien hace esto, ha desconectado en el minuto 1 de lo que le estoy contando), a traer a colación algo que nos pasó similar o a divagar en primera persona! En el momento que eso pasa, se perdió el hilo conductor de un momento demiúrgico que quién sabe  cuántas joyas de sabiduría nos hubiera podido proporcionar.

No sé qué pensáis vosotros, pero intuyo que cuando alguien quiere confiarnos algo, solo necesita que sostengamos la presencia, la atención, la ecuanimidad…que no le juzguemos, que seamos como una “hamaca” en la que pueda mecerse un ratito, en creadores de un espacio seguro que sea nutritivo para su ser…. y quizá en el mejor de los casos, una vez hayamos dado ese espacio de atención plena, podremos hacer alguna pregunta poderosa que pueda acompañar a la persona es su propio proceso de conciencia…eso es lo que yo quiero para mi, cuando decido compartir mi intimidad.

Reconozco que dar esa calidad de escucha no es fácil y recibirla es muy poco común, pero cuando sucede, hay algo que acontece dentro de la persona que escucha que es muy potente. Y es que lo que te cuentan de alguna manera resuena con tu propia realidad (nada es casual y la razón por la que nos escogen para escuchar, tampoco)…De alguna manera mágica, si prestamos suficiente atención, vemos como un pliegue de nuestra alma se dobla el la dirección del confesante, reconociendo realidades paralelas en algún punto. Esto me parece precioso y eleva mi estado de conciencia.

Por eso cada día que me levanto, decido escuchar sin contaminar, sin interceder, sin manipular, sin intervenir, sin juzgar. Decido crear un puente entre esa persona y yo que facilite la interiorización, la reflexión, el desapego y el estado de amor.

Hoy es mi firme propósito escuchar para sanar, sea la que sea, la posición que me toque en cada momento; presiento que siguiendo este camino, recogeré muchas flores.

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